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Me pregunto muchas veces, ¿hasta que punto son competentes los personajes que gestionan fondos millonarios en Wall Street? De nuevo, vemos cómo el Gobierno de EEUU rescata a dos financieras distribuyendo la deuda entre los contribuyentes, después de que todos los beneficios hayan sido siempre y exclusivamente privados. Sin que nadie los consultara, los contribuyentes estadounidenses pagarán con sus esfuerzos miles de millones de papel sin valor, nadie sabe realmente cuanto.
Durante mucho tiempo el sistema ha permitido que la ambición desmedida de Wall Street se expandiera de tal manera que ahora, cualquier fallo de gestión, por pequeño que sea, tiene una repercusión inmediata en la vida privada de la mayoría de los habitantes del planeta.
Basta con mirar los desplomes en las curvas de equidad de los grandes fondos que rescata el Gobierno, para entrever que la noción que la supuesta "creme de la creme" financiera sostiene sobre la gestión de riesgo, debe de ser muy pero muy nebulosa,- Por no decir tenebrosa-, dado que se sustenta en la confianza que la Reserva Federal, el Padrino de la Street, al final los rescatará del apuro.
¿Qué podemos aprender de los fallos de los supuestos profesionales?
Hoy acabo de responder a un destacado alumno mio, que está alcanzando resultados excelentes en base a lo que ha aprendido en el curso y a su dedicación, alertándole sobre la atención prolongada que el operador debe sostener en su operativa. A nosotros, operadores minoristas, no nos rescata el Gobierno, así que el nivel de atención debe de ser casi sobre-humano. Los brokers saben de estadística, y saben que la gran parte de sus clientes no son los que dilapidan sus cuentas en las primeras semanas; son aquellos que ganan de forma prolongada hasta que un día su mente los traiciona y devuelven gran parte de los beneficios al mercado. Los fallos, antes de derivar en acción, surgen en forma de un pensamiento, muchas veces subconsciente. Sin que el operador se de cuenta, el pensamiento ya ha dado el orden y el dedo clica el ratón- así de rápido se puede cometer el primer fallo de una serie de ellos hasta dilapidar el 50% del capital.
Si tu intención es de volverte operador/a, considera que tendrás unas dificultades añadidas, no sólo en la menor sofisticación de recursos, sino también en el plano psicológico, que no tienen los operadores de Wall Street. Tendrás que superarlos en muchos aspectos, pero para empezar basta con que cumplas una sencilla regla que ellos desconocen: nunca arriesgues más de 1-3% por operación.
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